Hoy se acercó Carlos después de una clase de fotografía más. Sí, de esas en las cuales muchos nos vemos obligados a estar por afán de no perder puntos en el promedio del ciclo. Con el sonido de una salsa saliendo de la tele a todo volumen (nótese, en mono), almorzábamos un buen chifa de S/.2,50 en la cafetería de la facultad. Luego de los rajes respectivos y de comentar los proyectos que tenemos pendientes, angustiado me preguntó: “Oye tío, ¿por qué ya no publicas en tu blog?”. Fue entonces que puse mi vista en el plato a medio comer y, luego de jugar durante unos segundos con un pedazo de pollo inmerso en el arroz, le dije con indiferencia.
“Escribía sobre política. En serio. Ya llevaba masomenos un año atento a lo que pasaba en el país. Pero de pronto me di cuenta que me estaba jodiendo, cayendo dentro de una monotonía, y me sentí parte también del circo que es la política -Carlos asintió mientras masticaba su chifa-. Simplemente me cansé de ella. Y, puta mare, se me vino un bloqueo creativo”.
Lo confieso, Carlos, no te dije toda la verdad. La universidad también me mantuvo estresado. Acá en mi casa sentí que por primera vez me entereaba de lo que de chiquito no me decían para no preocuparme. Perdí varios familiares. Entrar a la casa de mi abuela me provoca un estremecimiento, lo que me hace ir a rezarle a sus cenizas… Y sí, quise jugar al periodista político y al sociólogo sin saber a lo que me metía, y me dolió ver que estaba fallando conmigo mismo. El periodismo es hermoso, los patanes somos los que estamos antes, durante y después de los medios. Ahora que lo pienso bien, no fue un bloqueo creativo (aunque mantengo el “puta mare” de la oración). Fue perder el sentido de las cosas que hacía.
Mañana seguro Carlos me va a decir: “Al fin, carajo”. Y yo dentro de mi cabeza pensaré en qué es lo que me trajo de nuevo ante la pantalla del WordPress. Por supuesto, me ayudaron gente como Carlos, los escasos comentarios de la gente que me lee, el contador de visitas que aumenta levemente, las amenazas verbales de Renato y el miedo a que Alexis me chupe los pies. Pero estoy acá para, debajo de la pluma, seguir buscando el propósito de lo que hago. Buscaba una meta donde no había. Nada tiene un destino hecho. Mi vida la haré con lo que vaya escribiendo y pensando al andar.
Ya me imagino a Carlos mañana. mientras me mete un manazo en la espalda. “Mariconadas escribes oe. Parece que lo hubieras sacado de un catecismo tu post”. Por qué será…
Escrito por Gustavo Kanashiro 