La última hora

Abril 8, 2008

Porque simplemente yo también pertenezco a ese gigantesco grupo de gente que le encanta vivir la adrenalina de la presión, consecuencia de la dejadez ocasionada por una decisión, simple al inicio, tonta al final: dejar todo para última hora.

Por más que mis papás trataron de inculcarme (y lo siguen intentando) la costumbre de hacer las cosas a tiempo y no dejar para después todo, recuerdo haber dejado las tareas más pesadas siempre para los domingos en la madugada. Mis informes de laboratorio que debían tener una extensión mínima de 8 páginas con dibujos, o los comentarios de cuentos, incluso el estudiar para los exámenes. ¿Quién no ha esperado hasta el último día antes del examen de matemática para ponerse a practicar fuera de lo que sean tareas?

Ingresar a la universidad simplemente me enseñó a punta de cachetadas que no existe la última hora cuando todos los días hay algo que presentar o algo que hacer. Ya no podía hacer la payasada de copiar y pegar, o de inventar y meter floro en las tareas. Las copias de cincuenta páginas no se leen solas, los trabajos monográficos son revisados de pies a cabeza con fuentes incluidas y en un solo día no puedo siquiera aspirar a quemarme las pestañas estudiando todo el curso. Es que hay cosas que NO pueden dejarse para el último momento.

Pero hay un punto positivo en todo esto: no estoy solo. Medio mundo también sigue mis pasos (y yo sigo los suyos al mismo tiempo… lindo círculo) y espera a tener algo importante cerca para recién tomar las cosas en serio. Algunos ejemplos que no les deben ser extraños:

  • Pisco, Ica, Huancavelica y demás lugares tuvieron que venirse al piso para que recién tomemos conciencia de la precariedad de nuestras construcciones y de la poca seguridad en que todos vivimos a pesar de ubicarnos en una zona altamente sísmica.
  • En toda Lima se planea iniciar prácticamente de manera paralela más de 20 proyectos de reparación y reconstrucción de pistas y calles. Pronto estaremos saliendo de un desvío para entrar en otro. En lo personal, la Avenida Venezuela se está volviendo mi pesadilla de todos los días.
  • El MIMDES recoge niños de la calle buscando no se qué, salvar a los niños del trabajo explotador en condiciones peligrosas, limpiar las calles de la mala imagen que sienten los mendigos, niños en harapos y gente que se gana la vida como puede ahora que estamos con los del APEC, o ambas cosas. Quizá sea ninguna.
  • Años llenos de otoronguismo y mal desempeño del poder legislativo para recién comenzar a buscar disciplinar a los congresistas y obligarlos a cumplir su función, aquella por la cual han sido elegidos y por la cual reciben un dineral: asistir al Congreso y trabajar en la promulgación y modificación de leyes.

Y la lista puede seguir. Yo estoy trabajando en aras de desaparecer mi impuntualidad (sobretodo con este blog con el que me muestro a veces tan ingrato). No sé si algún día lo lograré, espero que sí. Pero díganme, ¿cuántas veces la última hora se nos ha mostrado como nuestra enemiga? Y nos cuesta tanto dejarla…