Recientemente ha causado una gran controversia el criticado spot publicitario de una universidad donde se elogian algunos sueños privilegiados por sobre otros no tan “atractivos”, como el poner curitas, construir closets, reparar radios y filmar bautizos. Condensando un poco, pongo primero la opinión de quienes critican una u otra faceta del comercial. Así tenemos algunos puntos de la carta de queja presentada vía Choledad Privada (nota completa en su blog)
“(…) Su publicidad no apela a la plana docente ni al prestigio de sus carreras, sino a la infraestructura, al campus mismo, al conjunto inanimado de ladrillos, cemento y fierro que constituye su armazón, pero que de ninguna manera sería capaz de hablar, aconsejar y, menos, tener la capacidad de Leon-O de ver más allá de lo evidente. Dicen que los edificios no hablan, ni las aulas ni los parques, pero sé que puedes escucharme.
(…)¿”No te ves filmando bautizos, no te ves pegando curitas, no te ves construyendo un closet“? Así como para ser un chef preparado se necesita conocer los avatares del día a día entre sartenes sucias, cebollas por picar y peladores de papa, la Universidad pretende obviar este hecho e invita al estudiante a basurear al equipo operativo y ejecutor de las filmaciones de una empresa audiovisual, u olvidar que todo buen diseñador industrial necesitará saber cómo armar un closet antes de pretender hacer una serie de 500 mil unidades de exportación. La arrogancia inaudita de la universidad que habla es sorprendente, nos hiere y nos asusta.”
El tono denigrante hacia estas profesiones consideradas mediocres o secundarias bien puede terminar sonando como un insulto hacia aquellas personas que ofrecen estos servicios, teniendo estudios profesionales o no, sea donde fuere. Por supuesto, imagino a los comunicadores egresados de esta universidad, ante la necesidad de filmar el matrimonio de un conocido, pensando que la labor es demasiado sencilla o irrelevante para él y su bagaje cultural. Y se buscan a otra persona.
Y desde otro punto de vista, tenemos a Gustavo Faverón en Puente Aéreo, criticando a las críticas en su post al respecto:
Para sentirse herido por ese comercial, además de una enorme carencia de miras, hay que ser un poquito hipócrita. Es absolutamente cierto que nadie va a la universidad soñando con un título de periodista para hacer periódicos murales, o de ingeniero para pintar paredes, o de psicólogo para leerle el tarot a los vecinos. También es cierto que los sueños de toda persona son siempre, de alguna manera u otra, más grandes que su realidad. Si alguien piensa que el barrendero de su cuadra soñó toda su vida con ser barrendero, pues es muy probable que se equivoque; si alguien piensa que el barrendero se ofenderá de saber que uno cree que su trabajo no es el mejor, pues está menospreciando la inteligencia de ese barrendero de manera vergonzosa.
Y es que también tiene razón. Los sueños son eso, sueños, casi siempre alejados completamente de la realidad, nuestra realidad. Todos nos encontramos donde estamos porque seguimos un sueño o buscamos cumplir con una meta. El si las hemos alcanzado o no es otro punto completamente distinto. A veces, en los sueños nos damos el lujo de denigrar otras labores, otras realidades, muchas veces por una ignorancia prejuiciosa a veces disfrazada de esperanza o aspiraciones de superación.
Me veo en la capacidad de agregar mi granito de arena en lo que respecta a la parte del spot que alude a los comunicadores. Es que en parte me siento identificado y a la vez satirizado en este comercial.
Identificado porque salí del colegio con miras a estudiar comunicaciones pensando que terminaría ejerciendo periodismo. Sucede que antes de comenzar mis estudios universitarios, en mi cabeza cachimba las comunicaciones, como oficio, se limitaban al periodismo. Un lugar común lo vemos en el sueño idealizado del spot, donde una chica, quien supuestamente ha alcanzado su meta, presenta una noticia desde la Casa Blanca (que viva el Perú).
Por otra parte, satirizado porque, una vez dentro de la carrera y hasta la actualidad, voy descubriendo la gran magnitud de la labor del comunicador, incluso fuera del periodismo. Y cada vez más me alejo del sueño colegial para acercarme a la que siento será mi vocación. Por último, he aquí mi granito de arena: no soñar con una profesión, con una remuneración, con una imagen, sino con lo que uno de verdad quiere ser y hacer. Los spots publicitarios están ahí para vender. Si la infraestructura parlante te llamó o no la atención, será pues. Pero que no nos laven el cerebro. No hay perfección alcanzable ni oficio perfecto. Siempre hay más, y muchas veces ese “más” se encuentra donde menos te lo esperas. Quizá ahí, detrás de una cámara durante un bautizo.
Escrito por Gustavo Kanashiro 