El utópico periodismo

Marzo 14, 2008

Hace poco, en base a un post que terminó resultando muy polémico, surgió un tema interesante: la labor periodística… y bueno, todo lo que implica trabajar como un vínculo entre la realidad y el público objetivo.

El momento en que escogí estudiar como carrera periodismo cursaba mi último año de colegio. Poseía una visión bastante limitada de todo lo que esa profesión o ejercicio implica. Pensaba que ser periodista implicaba informarse, trasmitir noticias, mantener al público al tanto de todo lo que sucede a su alrededor… Como si fuera posible comunicar “todos” los hechos, “toda” la realidad.

Dejaba de lado los filtros mediáticos, la selección de la información, la objetividad, la generación de opinión pública, los mismos medios en sí con todas sus inclinaciones éticas, morales, políticas… Todas aquellas características que pueden volver al periodismo la labor más noble o también la más corrupta.

Pensaba en un periodismo utópico, aquel que logra ejercer uno de manera ideal. Informar objetivamente, manejar un vocabulario adecuado, poseer un bagaje de conocimientos lo suficientemente amplio para no perder la veracidad de la noticia, desempeñarse libre de ataduras ideológicas o políticas…

Aquí quiero citar al blog de Gustavo Faverón, quien encuentra una disfuncionalidad en la labor periodística…

Durante esos años hice la pregunta muchas veces: ¿qué cosa te han enseñado en la universidad durante todos esos años? Las respuestas no solían tener mucha variedad: las que no se referían a tres o cuatro lugares comunes que cualquiera con cierta educación o algo de sentido común puede discernir, se referían a un aspecto en particular, subrayando una palabra específica: la deontología periodística.

Es decir: la teoría del deber, la ética profesional, las delimitaciones jurídicas y morales del ejercicio periodístico, etc. En otras palabras: si le quitan sus sueños de gloria, su más bien módico cariño por la escritura, sus trucos de la vida callejera que casi nunca funcionan, un estudiante recién salido de una facultad de periodismo es una suerte de experto en el tema de la ética profesional y la violación de sus tácitos códigos de ejercicio.

Eso nos deja con una situación llamativa: los periodistas, que viven de denunciar las infracciones contra códigos que suelen desconocer, están (idealmente) preparados a nivel profesional para denunciar las violaciones de un sólo codigo (fantasma): el de la ética periodística. Es decir, si alguien debería temer la voz, la presencia y la autoridad de un periodista, es otro periodista.

Efectivamente, a menos que los periodistas se informen “más allá de la noticia”, terminarán cayendo en uno de los errores al que están más expuestos, y al peor que pueden cometer: desinformar. ¿Es eso utópico?