Octubre 8, 2007
A lo largo de la historia humana, y desde tiempos tan remotos como los de Aristóteles, se ha desarrollado un sistema de lógica estrictamente puro. Con sus respectivas modificaciones, vemos lo incapaz que es el pensamiento racional al momento de tratar temas religiosos sin tolerar escalas como valores, sentimientos y demás particularidades tan humanas como incomprensibles. Por otra parte, traten de refutar el siguiente problema lógico…
Si hay un dios, y este dios es el dios cristiano, es benévolo, omnipotente y omnisciente. Él puede ser benévolo y tolerar la existencia del mal sólo si es incapaz de prevenir el mal (no omnipotente) o no sabe cómo hacerlo (no omnisciente). Él puede ser omnipotente y tolerar la existencia del mal sólo si es malévolo (no benévolo) o adolece de falta de omnisciencia; por lo demás es malévolo o incapaz de prevenir el mal si el mal es tolerado y él es omnisciente. Obviamente, el mal es tolerado (en este mundo); por lo tanto, hay un dios sólo si éste no es el dios cristiano.
Formalicemos la inferencia…
“Hay un dios” es p, “Dios es el dios cristiano” lo denominaremos q, y a Dios siendo “benévolo”, “omnipotente” y “omnisciente”, r, s y t respectivamente. “Dios tolera la existencia del mal en el mundo” será w. Bien, tenemos nuestros valores. Apliquemos la lógica proposicional…
(p ^ q) → (r ^ s ^ t)
(p ^ r ^ w) ↔ (¬s v ¬t)
(p ^ s ^ w) ↔ (¬r v ¬t)
(p ^ t ^ w) ↔ (¬s v ¬r)
w
———————
p ↔ ¬q
Corolario…
(p ^ ¬q) → (¬r v ¬s v ¬t ) ^ w
El mismísimo alemán Ludwig Wittgenstein anunciaba que la filosofía sólo puede analizar lo estrictamente comprobable del pensamiento humano, es decir, a la lógica, y que ésta sirve para explicar los hechos del mundo, ya que el mundo es un conjunto de acontecimientos que suceden en un tiempo determinado. Fuera de eso, es completamente inútil. Imposible mecanizar aquella subjetividad humana. Podemos estar orgullosos: nunca nada podrá superar a la humanidad en su capacidad de ser la especie animal más incomprensible, metafísica y autodestructiva del mundo, todo al mismo tiempo. Felicidades, eres insistematizable.
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Escrito por Gustavo Kanashiro
Octubre 6, 2007
Sólo basta revisar las primeras planas de los diarios para entender los caminos sinuosos por los que se maneja la política peruana.
El proceso de censura del Ministro Luis Alva Castro se ha visto exageradamente prolongado por una coyuntura accidentada y casi artificial: un terremoto que ha generado, al igual que varios eventos nacionales (Machu Picchu quizá), una pasajera sensación de unión nacional y que acarreó también conflictos internos; la extradición tan esperada del prófugo ex mandatario Alberto Fujimori y las respectivas disputas entre sus seguidores y el resto del Perú; la caída abismal del dólar; los conflictos con la minera Majaz y la polución ambiental, entre otros sucesos hechos trascendentales por la prensa, los medios y los políticos. Sin restarle importancia a los mismos, podemos comprender el poder de la opinión pública y la dirección que los medios le dan a la sociedad peruana actual.
El presidente aprista Alan García, no hace mucho, y dando uso a su tan característica retórica, anunciaba que no se permitirían errores dentro del Ejecutivo y que ningún error quedaría sin ser castigado debidamente. Y que no se cuestione, a la gente le agradó oír eso. El Perú ya está agotado que se cumpla la absurda ley que cierto personaje obeso creaba hace varios años: “Otorongo no come otorongo”. Y se puede notar ahora con el descontento y el deseo generalizado de censurar a un Ministro que, con o sin intención, cometió un error.
Pero el partido de gobierno se encuentra entre la espada y la pared. De repente no esperaban que alguien de su propia bancada cometiera un error, pero de no apoyarlo y apegarse a la censura, demostrarían una imagen partidaria débil, y sabemos que los miembros del APRA se protegen a rajatabla sea cual sea la ocasión. Pero al mantenerse unidos, se crea un ambiente de presión y de descontento hacia la política nacional. Tan solo se puede esperar que los miembros de la oposición se puedan poner de acuerdo y lleven a cabo la ansiada censura que, por aplazarse tanto tiempo, comienza a crear un aroma de hediondez en el Ejecutivo.
Hay que mantener el foco sobre los hechos que de verdad importan. Desviar la atención pública con escándalos absurdos, como la rasgadura de vestiduras que ocasionó la reunión entre Ollanta Humala y Alejandro Toledo (como si fuera un delito… ¿Qué es esto? ¿Dictadura?) y la acusación de violación (en medio de una orgía llena de alcohol y drogas) del congresista Gustavo Espinoza hacia el último ex mandatario. El exceso de cortinas de humo se delata a sí misma. Aunque a un payaso le falte la nariz roja, su boca lo presentará como tal. Evitemos, pues, que el circo político vuelva a predominar, por más que les falten las narices rojas.
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Escrito por Gustavo Kanashiro