Se acabaron las Fiestas Patrias.Tuvimos inauguraciones de hermosas piletas en el Parque de la Reserva, una que manó pisco y la cual convocó una increíble cantidad de sedientos en la Plaza de Armas, mil y una formalidades casi rituales de los políticos, un nuevo presidente del Congreso, un mensaje a la Nación, desfiles, parada militar y niños alucinándose cachacos bajo la tutela de padres que creen que ser patriota significa ser militar. Luego de un clima tan tenso como el que asoló el país hace poco tiempo, estas fiestas nos han servido para replantear objetivos, pensar un poco más en nuestra nacionalidad y concientizar los pros y contras de nuestra realidad. O ese debía haber sido el efecto. Es como creer que en Semana Santa la gente reflexiona y hace penitencia.
Según la prensa, los políticos y el mismísimo Presidente, el Perú sigue creciendo, descentralizándose, expandiendo sus mercados y luchando contra el analfabetismo y las desigualdades sociales y económicas. No cabe duda que, incluso desde el gobierno anterior, el país viene progresando, dándose cuenta de sus eternos errores y tratando de encaminarse en una ruta que por fin nos ayude a avanzar unitariamente. Pero la misma lupa sigue analizando al Perú, la cual considera todo lo que observa como números, cifras, dinero, economía y estadísticas. Se plantean metas para el 2011 con la misma filosofía, hablando de los progresos que vamos teniendo con porcentajes comparativos y especulando que de continuar así el Perú ya no va a ser tan pobre como lo es ahora (tanto palabreo le da al mensaje a la nación el mismo peso somnoliento de la eterna homilía en Pascuas). Los políticos proponen leyes para evitar convulsiones sociales capaces de seguir espantando más a los extranjeros en vez de desinflar un poco su orgullo y su vanidad diciendo que la próxima vez atenderán los reclamos de las huelgas más velozmente. Así se planea perfeccionar el país. Sin embargo, aun anhelo escuchar una respuesta a la interrogante que muy pocas veces nos planteamos… ¿Qué es el Perú? Es imposible inducir un progreso sin cimentar las bases, sin reconocer la naturaleza multicultural de nuestra nación.
El eterno riesgo de unificar, descentralizar y democratizar nuestro país es el mismo que el que presenta el modelo globalizador a escala mundial: el implantar una cultura masiva estereotipada en lugar de unificar y adaptar las diversas culturas existentes de manera horizontal. Si bien esa eterna discriminación existente hacia aquel mundo rural andino siempre presente, o ésa que nos hace ver una cultura selvática como recóndita, salvaje y desconocida, ha ido disminuyendo; este progreso sigue sin ser considerado como las riendas culturales que deben encabezar la descentralización de la que tanto se ufana el actual gobierno. Dándole más dinero o autoridad a los diversos gobiernos regionales, tirándoles la pelota a los alcaldes y lavándose las manos, el Presidente no puede esperar lograr una unificación o una descentralización. Es más, esto acentuaría las diferencias, alejaría a las provincias. Entonces, ¿dónde queda el Perú?
Tan sólo cabe esperar que la bonanza económica hacia la cual marchamos teóricamente nos facilite la unificación. Hace mucho que las cadenas que nos atan al subdesarrollo dejaron de ser puramente económicas. Es preciso abrir los ojos y darse cuenta de nuestra realidad, no económica ni demográficamente, sino humanitariamente. Que la pluralidad de tradiciones y culturas que forman el Perú no sean una condena, sino una ventaja, un orgullo. Reconocimiento en lugar de exclusión, unión en lugar de diferenciación. Así, quizá, el patriotismo se sienta más. Así, quizá, piense en usar una escarapela por gusto propio.
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Escrito por Gustavo Kanashiro
Escrito por Gustavo Kanashiro
Escrito por Gustavo Kanashiro 